
“La ley de autoridad del profesor” |
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En los últimos días ha estado en boca de todos, la llamada “ley de autoridad del profesor,” surgida por iniciativa de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Aunque la ley, en un principio, es de ámbito regional, nos ha llevado a reflexionar a todo el país sobre su posible implantación a nivel nacional. La politización de la educación en España, por parte de los gobiernos de turno, nos ha llevado a la desastrosa situación educativa en la que actualmente se encuentra el país, (ocupamos el 33º puesto en calidad educativa en el mundo según la UNESCO) pagando las consecuencias tanto profesores como alumnos. La situación es tan preocupante que e incluso su Majestad el Rey, ha hecho un llamamiento a la sociedad y a los partidos políticos para alcanzar un acuerdo nacional sobre educación y reforzar y prestigiar el papel del profesor. Lo cierto es, que el planteamiento de esta ley, viene en un buen momento, aunque habría que ajustarla para aplicarla adecuadamente y desterrar la consigna de tiempos pasados de “la letra con sangre entra”. La sociedad tiene que ser consciente de que el sistema educativo está formado por tres componentes básicos: el familiar, el escolar y el sociocultural y que no se puede prescindir de ninguno de ellos. Aunque en los últimos años, la estructura de la familia ha variado mucho, la educación parte de las propias familias. Hay principios que si nuestros hijos no los maman en casa, difícilmente pueden aprenderlos y asimilarlos en el colegio. Los hijos son el claro reflejo de sus padres y el verdadero problema, en la mayoría de los casos, no es el niño sino el adulto. No nos engañemos. No hay niños malos, sino educadores incompetentes, y no me refiero precisamente a los profesores, sino a la familia. ¿Cuántas veces los profesores tienen las manos atadas ante la actitud superprotectora, complaciente e indisciplinada de algunas familias? ¿Cuántas veces los padres justifican las tropelías de sus hijos ante el profesor aunque sean injustificables? Hace unos días observé como una pareja de padres jóvenes, después de soportar en público la tiranía de su pequeño vástago, le decían a su hijo, que si no se comportaba bien lo castigarían en un rincón a pensar. Me sorprendió el castigo. ¿Desde cuándo puede considerarse castigo, tener la capacidad de pensar y razonar? Tal vez si se conjugara con más frecuencia el verbo “pensar”, no se habría llegado a la situación actual, en la que algunos adolescentes pendencieros, se enfrentan a la policía, a los padres y profesores y a cualquiera que se les ponga por delante con la más absoluta impunidad. Nunca en la historia de España los alumnos han contado con un personal docente tan cualificado como el actual, donde la interacción profesor – alumno ha permitido a éste último, adquirir sus conocimientos sin temor, pero tampoco nunca como hoy, el docente se ha sentido tan desamparado ante ciertos alumnos que han cruzado la frontera del respeto, pensando que todo el monte es orégano. La relación entre profesor y alumno no es de colegas, como tampoco lo debe ser la de padres e hijos. En nombre de un progresismo mal entendido, se ha practicado un “coleguismo” que nos ha llevado a la difícil situación en la que nos encontramos. El ámbito sociocultural tampoco ayuda a mucho a nuestros jóvenes a salir del círculo vicioso en el que están inmersos. Hace ya tiempo que en España se ha confundido libertad con libertinaje y que la indisciplina y el éxito fácil acampan a sus anchas. Aunque “la ley de autoridad del profesor” debería aplicarse de forma matizada, lo que hace realmente falta es inculcar más valores que castigos, ante una sociedad en la que la televisión y la calle inculcan valores como hacerse famoso a cualquier precio, ganar dinero de forma rápida, tener un cochazo, ponerse implantes de silicona donde se considere oportuno o ser el / la que más relaciones sexuales consigue. Ante tanto relajamiento, es lógico que lo más importante ya no importe y es ahí donde el adulto tiene que dejar de mesarse los cabellos y ponerse manos a la obra para restablecer un orden que nunca debería haberse perdido. |
Bullfight Arena |
On July 2010 the old bullfight arena was inaugurated solemnly in Toro. After several years of costly renovations, in which old craft techniques were applied, the wooden building is there in all its splendour. The building dated from 1828, it is the second-oldest bullring in Spain. It is testimony to a glorious bygone era of the small town on the Duero river, as it was still provincial capital, where many noble families lived.
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Monthly Sportlight Article |
| The monthly articles about a current “hot” topic in Spanish society or in Toro will be published in the blog. Please check it out there. |